No es mi hábitat, no es mi ley. En la arraigada nube de humo, el murmullo se alimenta de vanidades, la mentira se convierte en el más valioso de los recursos y la pérdida de aire oscurece la mente. Como alma dividida en el subconsciente y artesano manipulador de emociones, encadeno el temor eterno y fluyo al encuentro, simulando poseer una historia con sustento, la excusa y la palabra en cada momento, procurando no desfallecer a mitad por carecer de talento, de prosa encantada e imagen promotora. Ilusión difusa y estancada, encadenada a un vacío que no permite ni un suave contacto. Nada consigue ser tan inexacto, tan complejo y poco ameno a los ojos de un extraño. Muestra de un absurdo, sin pautas ni trucos, donde al final, sin esfuerzo, el más indeseable sobrevive, el recomendable se ningunea. Todo esto no es sino ejemplo de una gran pérdida de tiempo, una carrera sin línea de meta, una desgarradora caída al abismo del deseo frustrado. Llanto acallado, miradas en el lejano anonimato, muriendo despacio sin divisar una laguna, un resquicio por el que el destino deje de permanecer inalterable, una variable que me abstraiga de un infierno de constantes para ejercer de mi, y no de ellos. Observar el tablero, aprender de él y jugar mi partida, sin trampas ni imitaciones. Convertir al hombre de ciencia, en hombre de fe. Será mi hábitat, será mi ley.
23/2/10
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