29/3/10
REM
No me dejes, ahora que acabas de llegar, ni siquiera conozco tu nombre y no te puedo olvidar. Difuminada imagen de ti guardo, mas tu impulsivo acto produjo escalofríos inesperados en mi. Dime si de verdad sigues ahí, si pretendes convencerme de que existes fuera de mi mente. Y aunque sólo en sueños sienta esta paz, mantente cerca y conserva la llama, pues solamente tú has levantado mi espíritu, animándolo a atreverse de nuevo, a sentir anhelo.
28/3/10
Impenetrable Intimidad
¿Quién se acuerda de mi? Si constantemente yo mismo me olvido. Cualquier sentencia inusual y esporádica se convierte a menudo en cotidiana, ya nada satisface el apetito, nadie llena el alma, la distancia separa el sentimiento y no permite reemplazar los días vacíos. No veo mas que puertas cerradas, mensajes perdidos, miradas siendo barajadas y nunca repartidas. Una atmósfera alborotada, incontrolable, ante la cual no se presenta tregua, indicio o posibilidad que le de aire a una asfixiada esperanza, que adolece de atención, de significado propio. Y no es por falta de ganas, seguramente lo sea de esfuerzo, pero al debatir la necesidad con la realidad, no existe acuerdo. Únicamente resignación, inexistencia y hundimiento. Sufrir, desistir, o permanecer cual muerto viviente en la corriente de la malévola invisibilidad para con los demás. Vicioso círculo pretencioso, orgulloso de creer aportar aire cuando tan solo coexiste pasividad y observación, lejos de cualquier indicio de revolución, avance, escalada o culminación. Como una roca, siento que me hago parecer imperturbable, lejano e impenetrable, sin ningún tipo de valor, cual piedra en medio del asfalto, siempre por debajo del mundo exterior. Y la luz en la noche no hace sino acrecentar las sombras, alejar el calor de la intimidad compartida, mostrando la verdadera cara de la indiferencia, la fantasmagórica imagen en un espejo invertido en el cual no puedo reflejar imagen alguna. En el ultimo aliento del ayer maldigo la sangre que hierve en mis venas, por no ser, no saber o no querer pertenecer al teatro de los sueños, donde todos aparentan divertirse, allí donde la brecha entre el mundo y mi mundo se hace tan sumamente extensa que me abandona en solitario a la mala fortuna. Por lo que hace tiempo que empecé a sospechar que en este cruel laberinto de castigo eterno se olvidaron de construir una salida, y no hay suficiente aliciente en su interior como para seguir buscándola con el esfuerzo que antes invertía. Tal vez, si sucediera que una señal o acto de milagroso índole me llegara a incluir en sus planes, acompañándome hacia una nueva realidad palpable, pudiera volver a mirar con fe a la esperanza. Pero francamente, hasta nuevo aviso, eso es algo en lo cual no quiero, ni debo, permitirme creer.
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