Descubro todavía palpitante en el subconsciente el agridulce recuerdo de estar perdido y ofuscado en los oscuros pasillos de un retorcido laberinto. Un incesante agotamiento que me cohibía de volverlo a intentar, no por el riesgo a perder, si no por la frustración de volver a no saber entender la realidad. Harto de esperar el momento que nunca llega, prefiero ser sincero ahora que naufragar a la deriva, pues el amor, y sus preámbulos, es algo que todavía no logro entender, y seguramente nunca lo haga. Surge cuando menos te lo esperas, y es un estado que te da la vida y te la quita a partes iguales.
Con los años creo haber aprendido a valorar los pequeños detalles que se escapan a cada momento, esos que a veces nos olvidamos de observar y por ello tendemos a ver el mundo más complicado de lo que en principio debería ser. No se pueden repetir los días, ni cambiar cada decisión tomada, pero sí está en nuestra mano hacer bueno aquello que se presenta delante nuestro. Quiero volver a jugar las cartas mientras aún estén en mi mano, intentar atravesar el muro que se erige frente a mí, lanzando un globo sonda desde donde saltar al vacío del abismo con los ojos cerrados.
Estoy tan cansado como impaciente, sigue la llama esperando encontrar un lugar que con su luz alimente. No se si correr o ir despacio, sigue siendo difícil evitar los pasos en falso. Mas no existe grandeza en mi aspiración, ni perfección en las metas, sólo pequeñas propuestas que dejen cicatrizadas historias que, con el paso del tiempo, merezca la pena volver a sentir ilusión por ellas.
"Sometimes you make the right decision,
sometimes you make the decision right."
sometimes you make the decision right."
(Phil McGraw)

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