20/12/09
Je ne regrette rien...
Unos días se vive, otros se muere, la mayoría tan sólo pasan. En un guión que lleva escrito desde hace tiempo, que permanece inalterable a la luz y a la sombra. Se aprecia de tan cerca el cambio, y en cambio se siente tan lejano, que únicamente a la imaginación es capaz de alimentar. Sin embargo la calma ni se inmuta, ni un fugaz escalofrío, ni un latido más rápido que otro, será la costumbre, será la pena. De nuevo, la noche se teñirá de color tristeza, ausentará al manto de estrellas, derramando lágrimas que sobre mis hombros pesan. No existen vencedores ni vencidos, suplico al olvido que me acepte en su regazo y deje que cumpla mi castigo. Un suspiro, y las montañas se convierten en arena que termina siendo arrastrada por la brisa de la incertidumbre, depositada en el país de nunca jamás. Si llegara el instante, en el que pudiera decir sin miedo a equivocarme, que no me arrepiento de nada, seguramente se ganaría el mayor calificativo que pudiera adjudicarle en la historia de esta corta existencia. Historia en la que no se puede volver atrás, todo queda grabado en piedra, la cual se puede convertir en tu tumba, o en tu altar. Presentándose como un laberinto sin pareces, una carretera sin señales, un túnel sin iluminar. Poco importa el destino, si no sabes dónde estás. Permanente mirada perdida, luchando por encontrar un lugar en esta fría travesía invernal, a la cual agradezco su llegada, pero no su convencionalidad.
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