Dolor sin herida, lejanía sin distancia, soledad en multitud, muerte en vida. No hay sorpresas en esta partida, termina de nuevo en la salida con trampas en cada esquina. Todo cuesta arriba, siempre hacia arriba, jodida pesadilla. Mal sueño perseverante, ojalá la miseria consiga tragarte y lavar las penas, escurrirse por el desagüe y dejar crecer un pequeño oasis en tan frío desierto de nostalgia y envidia. No hay explicación para la gran mentira de la existencia, condenada a servirse de su propio sudor para poder perdurar y terminar en el mismo lugar, ante la misma salida. Gracias a la historia, por evolucionar y desembocar en tan injusta y selectiva naturaleza de afrontar la caída al abismo que supone cada giro que muestra de nuevo el Sol, cuando el interior sigue consumiéndose en la sombra, en una pesada lluvia que atraviesa el cuerpo sin cesar, adormeciendo el invisible alma olvidada, cruelmente omitida, maltratada. Como una solitaria estrella buscando compañía, en un día nublado.
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