16/4/10
Ciencia y Fe
Delirios de grandeza, cual anomalía en el fondo de la cabeza, desata una explosión que termina borrando cualquier síntoma de fe. Lo que está hecho, está hecho, y mencionando la escasa destreza demostrada, no queda sino aferrarse al inevitable destino de esta realidad. No hay alternativa, y si la hubiera, sentiría desprecio, no por su maravillosa existencia, sino por mis insignificantes, absurdas y manipuladas decisiones. La constante linealidad de una vida no puede transcurrir paralelamente a otra sin tener consecuencias. Simplemente el descubrir susodicha suposición sería ética y emocionalmente inestable, provocando el deseo de conseguir interferir entre ambas existencias. La dualidad que presentaría la situación ya desembocaría en la unión de las partes, dado que de una forma u otra, las reglas que rigen el desarrollo considerado normal de la realidad tal y como es conocida, dejarían de cumplirse. Dudo que la ciencia pudiera ayudarme a reconducir la idea, y por ello miro a la fe en el cambio futuro como guía, que a través del destino pueda lograr un desenlace variable. Pero, la paciencia y la experiencia me recuerdan que no se puede esperar eternamente, y cuando no se obtienen respuestas, no se puede seguir como si nada. Así que ni la ciencia ni la fe me ayudan a solucionar mi dilema, ninguna logra escribir mi historia como querría, no permiten que me salte la continuidad. Buscaré en el tiempo, en algún que otro lugar, enfrentándome a aquello que siempre he querido evitar. Igual así, al final de todo, se pueda vencer el miedo, y hallar la redención.
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