Suspiro, y evoco pisadas en la piel, tacto con tacto, un vertiginoso recorrido alrededor del cuerpo, suave y fugaz momento que detiene el universo más lejano. Y a la vuelta de lo infinito, inmediatamente después, el infierno, la realidad vacía, insustancial e insípida, rutinaria mentira a la que llamamos vida, y en la cual yo pierdo cada vez más la fe. Incongruencia emocional pasiva que agota día a día y no se detiene ni a respirar, ahogada en un océano de perfecto horizonte lineal. Pierdo a cada segundo, me trago el desaliento y me aferro a mi mayor interpretación jamás ofrecida en el gran teatro de la existencia: La indiferencia.
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