9/8/13

#NuncaSeSabe

Puestos a razonar el por qué de las cosas, y con la metáfora de por medio, he llegado a pensar que somos conscientes del camino que tomamos, no de la piedra con la que tropezamos... Pero, ¿y si alguien ha puesto ahí esa piedra? Puede haber sido obra de una persona, o haber pasado de mano en mano hasta acabar siendo lanzada justo delante de tus pasos. ¿Quiere decir eso que si mirásemos desde el principio de todo el movimiento de la piedra, existiera una causa que fuera la razón de que ésta llegara inevitablemente a cruzarse en tu camino? Es posible. Siempre podríamos indagar y de una u otra forma alcanzaríamos a encontrar incontables causas que desembocaran en tu tropiezo involuntario. ¿Entonces hablamos de causalidad? ¿Hay una causa que siempre podría justificar un efecto posterior en cada acto? Visto así, no hubiésemos tropezado de no haber andado por ese camino. ¿Eliminamos pues definitivamente cualquier indicio de casualidad en los hechos, no? Aquí es donde distingo, retomando el principio del texto, causalidad de casualidad. Al principio de todo es posible que cada suceso tenga una causa que lo inicie y ejerza un efecto posterior. Pero si ese efecto no es elegido a consciencia o con voluntad propia, yo pasaré a considerarlo casualidad. Sí, siempre podríamos haber elegido el otro camino, y ahí creamos nuestra causalidad, pero no elegimos con qué piedra tropezar, pese a que un cúmulo de circunstancias pueda habernos llevado a chocar contra ella. Nunca se sabrá con exactitud donde empieza la casualidad y acaba la causalidad, si es que es posible separarlas y distinguirlas desde la absoluta realidad de las cosas, pero así podemos dejar de culpar erróneamente actos y comportamientos involuntarios, aunque... ¿si no fueran realmente tan involuntarios? ¿Y si ocurren de cierta manera porque es como debe ser, y de antemano estuviera decidido que así fuera? Caemos en este instante en las garras del destino. Un destino que ha existido, existe a cada segundo y existirá hasta que el control del tiempo deje de ser una quimera. Lo que pasó, pasó, perdurando para siempre de la misma forma. Lo que pasa ahora mismo, presuponemos que tenemos la capacidad de decidirlo, cambiarlo o alterarlo hasta el último momento, y digo que lo presuponemos porque en el momento eliges un camino, nunca sabrás de ninguna manera qué deparaba el otro, siempre que no hablemos literalmente de caminos claro... De esta forma queda marcado tu porvenir, y esté escrito o no, creamos en el destino o no, sólo tenemos una senda a trazar en toda nuestra vida. ¿Eso quiere decir que no podemos "cambiar" nuestro destino? No es que no se pueda cambiar, es que cuando el destino importa, es cuando ya hemos llegado a él y no hay marcha atrás, por lo que sólo puede haber uno. Asumir la realidad y lo que se tiene es lo mejor para dejar de pensar en la razón de ser de todas las cosas, pues la verdad, a fin de cuentas, nunca se sabe...

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