Ahogándome a cada suspiro, sigo sintiéndome perdido en un mar de lágrimas todavía por derramar. Duele, duele muchísimo cada segundo al amparo del vacío, de la impotencia más absoluta, y llega un punto en el que ya no confío en ser capaz de soportarlo.
Es volver a la rutina de lo impuesto, a recordar de primera mano lo que tantas complicaciones ha aportado, y aparecer de nuevo los fantasmas de la ansiedad, revolviéndolo todo en una repetición constante, cuasi desesperante, atrapado en una cárcel que bloquea y coarta cualquier otro pensamiento.
Barajando cada hipotético escenario, posibles resultados fruto de una quimera que escapa a mi razón y me vuelve loco, tan sólo quiero y no quiero poder dejarlo ir. Soy esclavo de mí mismo, y no vivo, aterrorizado por la incógnita de un futuro que me da miedo alcanzar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario