Son días complicados. Por momentos me siento al volante de un vehículo que no me pertenece, y pese a ello voy recorriendo tranquilamente la distancia que separa lo personal de lo laboral, descubriendo en cada trayecto de ida o de vuelta, un nuevo detalle que hace poco a poco más conocido el destino a alcanzar. Un destino que me encantaría visitar con total calma y comodidad, memorizar cada rincón, llegar a considerarlo como un hogar. Pero por muchas rutas que quiera seguir, por más mapas que pueda consultar, todo conduce a la verdadera realidad ante la que voy a encontrarme. Estoy dirigiéndome inevitablemente hacia un callejón sin salida.
Transito por vías desconocidas, interpretando señales que cuestan de distinguir en la oscuridad, en las que me gustaría encontrar el sentido que me lleve por fin hacia la dirección correcta. Puedo intentar desviarme del rumbo, esperar un giro que no me vuelva a orientar hacia el mismo camino, pero no soy yo quien debe derribar el muro, por hipotéticamente frágil que pueda aparentar ser. Tan sólo puedo ser capaz de ofrecer una nueva perspectiva, un paisaje diferente que observar, la alternativa que motive el emprender un nuevo viaje hacia otro lugar.
Seguiré en movimiento, con el viento en contra, esperando romper la inercia que reduzca el vértigo y me permita abrirme paso, salir del bloqueo. Barajaré el riesgo, adaptando la velocidad, permaneciendo atento y reaccionando a tiempo, si me viera conduciendo cuesta abajo y sin frenos. Serán días complicados, pero no adelantaremos acontecimientos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario