Tengo ganas de llorar y sin embargo sonrío, porque siento que me he impuesto un maravilloso castigo, que no hace sino aumentar más aún una ilusión que se presenta como un sueño que recuerdas al despertar. Me duele el alma, y se me parte el corazón, pero soy como un niño pequeño con demasiada curiosidad por comprender lo que no tiene, y aferrarse en su búsqueda.
Y una impotencia sigue latente en mi interior, me miro al espejo y me arrepiento de estar en este continuo lamento, gritando en silencio, agonizando por dentro, constantemente habiendo desperdiciado el tiempo, hasta este momento. De nuevo me sorprendo de estar en una nueva encrucijada, anhelando una situación comprometida, una realidad alternativa, cuasi de fantasía. Pues estoy dispuesto a entregarlo todo, por un instante, un calor sofocante en una noche estrellada que presagia un amanecer distante, una tímida mirada, un gesto reconfortante. Lograr encontrar la razón que te convierta en quien realmente llevas tiempo queriendo ser. No se si esta vez la habré encontrado, pero mi mayor esperanza es al menos tener una oportunidad de descubrir si puedo haber acertado.
Por eso tengo ganas de llorar, de alegría, y sonrío porque no puedo evitarlo, pues sueño despierto, y ya dormiré llegado el momento. Sólo deseo lo que no comprendo, pues se siente como lo más maravilloso del mundo. Una ilusión que tal vez no me merezca, pero que acojo con los brazos abiertos. La realidad puede convertirse en un desastre, en un recuerdo insignificante, pero no cambiaría el estado actual por nada. Ahora me ahogo a cada instante, pero antes estaba viviendo sin respirar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario